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El Siglo XIX inició su derrotero bajo el signo de la obra
de Humboldt. Nunca como en este tiempo la ciencia estuvo tan compenetrada al
concepto de libertad; el afán por la investigación desconocía de límites, ya
sean naturales o de pensamiento. Desde Europa una multitud de jóvenes
entusiastas, académicos o simples aventureros, animados únicamente por su
sed de conocimiento, iniciaron viajes en todas direcciones hacia los
confines de la tierra. Pronto las bibliotecas del mundo se vieron inundadas
de una impresionante cantidad de publicaciones que reseñaban la experiencia
de múltiples exploraciones científicas en los lugares más recónditos del
orbe. Con brújula en mano, midió con sus pasos el recorrido de sus itinerarios, calculó distancias y auxiliado por el barómetro, estableció la altura sobre el nivel del mar de los territorios que exploró. Conocedor palmo a palmo del Perú, fue de los primeros en definir sobre la base de criterios geográficos, geodésicos e históricos los límites del territorio peruano. Conocía de la importancia de las cartas para el desarrollo de un país, no sólo porque facilitaban la planificación y ejecución de cualquier tipo de proyecto, sino como un instrumento fundamental de cohesión política y social. El recuerdo siempre presente de Italia, desmembrada a conveniencia de vecinas fuerzas foráneas, contribuyó también en su interés explicito por concretar un detallado mapa del Perú. La experiencia e información acumulada de sus viajes se
plasman en lo que es una de las obras cumbres de la historia de nuestra
cartografía: la primera carta nacional a detalle del Perú republicano.
Podemos decir sin temor a equivocarnos que ella es el gran resumen del
trabajo de Raimondi. En sus leyendas se deja apreciar el carácter monumental
representado por su obra, donde a las clásicas convenciones de capitales de
provincia, poblados, límites políticos o caminos se suceden ubicaciones
precisas de ruinas prehispánicas, puentes, puertos, haciendas, tambos,
misiones o cumbres montañosas; minas de oro, plata, cobre o carbón; las
últimas adquieren coherencia si tenemos en cuenta que la carta también
consideró convenciones para ferrocarriles existentes como por construir.
Tierras pantanosas, desiertos, bosques, arenales e islas, junto con la
ubicación precisa de las etnias amazónicas, terminan por darnos una
apreciación de la diversidad natural y cultural del Perú que descubrió para
la ciencia. |